16 de 2025, Brasil adoptó plenamente la CID-11 de la OMS, que clasifica el Burnout estrictamente como un “fenómeno ocupacional”, facilitando el nexo causal entre la enfermedad y el trabajo. Según el INSS, los casos registrados pasaron de 823 en 2021 a cerca de 6.000 proyectados para el cierre de 2025. Según la ISMABR, cerca del 30% de los brasileños económicamente activos sufren el síndrome, situando al país como el segundo con más casos en el mundo, solo por detrás de Japón. Quienes entendieron el problema Más que entender el problema, buscar alternativas refleja una gestión humanizada comprometida con el negocio. Ejemplos como el Grupo Sabin, referente en el ranking “Great Place to Work (GPTW)”, demuestran el valor de ampliar las prácticas para promover la calidad de vida mediante auditorías de gestión de personas. En Aché Laboratórios Farmacêuticos, la Directora Ejecutiva de Personas y Cultura, Andreia Vitoriano, explica que cuentan con iniciativas como el “Programa Estar Bem Aché”, que incentiva hábitos saludables mediante una plataforma digital. Otra iniciativa, el “Programa Levemente”, ofrece psicoterapia gratuita y sin límite de sesiones. Además, cuentan con los “Brigadistas de la Mente”, colaboradores capacitados para acoger y orientar a colegas en situaciones de sufrimiento emocional, promoviendo una cultura de escucha y empatía. De los consultorios a las salas de audiencia El reconocimiento de enfermedades ocupacionales tiene consecuencias jurídicas y financieras severas. Patricia Barboza, socia de CGM Advogados, advierte sobre los riesgos de condenas por daños morales, estabilidad provisional y altos costos en acuerdos. “Los riesgos psicosociales son una variable que dice mucho sobre cómo vemos la relación con el trabajo”, afirma. En 2025, el Tribunal Superior del Trabajo registró un crecimiento del 22,3% en procesos por acoso moral. El acoso sexual creció un 35% en el último bienio, afectando mayoritariamente a mujeres de entre 18 y 39 años. La respuesta Andreia Vitoriano
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